A Rio si richiede una migliore governance globale

Una Gobernanza Democrática Mundial para un Desarrollo Humano Sostenible; a pocos días de Río+20

Josep Xercavins i Valls*

Con un secretario general de NNUU expresando públicamente su preocupación por los pocos avances y concreciones en el proceso negociador, con unos números de participación previstos que volverán a poner de manifiesto el gran interés ciudadano mundial por estas problemáticas (por ejemplo, cerca de 17.000 personas acreditadas para seguir la cumbre oficial) y con un último proceso negociador “informal” en Nueva York desde el 29 de mayo hasta el 2 de junio de esta semana, todo parece a punto para llegar a Río +20, excepto la posibilidad de prever qué final, en los puntos más importantes, pueda tener este gran dispendio de energía humana que se ha movilizado durante casi un año y medio de preparación.

Sobretodo, pues, porque todavía esta todo muy abierto y porque en este proceso, hasta ahora, he sido quizás más un relator que otra cosa, hoy me posicionaré sobre uno de los temas importantes que hay sobre la mesa negociadora: el Marco Institucional para un Desarrollo Sostenible, (MIDS-IFSD, International Framework for Sustainable Development), que siendo menos políticamente correctos yo llamaré: “Una Gobernanza Democrática Mundial para un Desarrollo Humano Sostenible”.

Aspectos conceptuales

No debería ser necesario, pero aún no se puede dejar de insistir que el desarrollo humano sostenible, el gran reto en positivo que tiene planteada la humanidad entera en este comienzo del siglo XXI, es una tríada inseparable que supondría un desarrollo social deseado ( y cuando digo deseado, quiero decir basado en unos valores y unos objetivos de satisfacción de necesidades humanas básicas que, como mínimo, debe ser universalizable), un desarrollo ambiental compatible (compatible con las leyes naturales que rigen el hábitat en el que vivimos: el planeta tierra; la madre tierra como nos ha recordado la voz emergente de los pueblos indígenas) y un desarrollo económico posible (que distribuya los siempre escasos recursos a disposición de la humanidad para satisfacer las necesidades humanas mencionadas, compatiblemente con no hipotecar para el futuro el medio ambiente planetario).

¿Qué “marco” tenemos ahora?: Aspectos positivos y negativos principales

La famosa cumbre de la tierra, de Río 1992, creó la Comisión de Desarrollo Sostenible (CSD-SDC) y la puso, institucionalmente hablando, bajo el paraguas del ECOSOC (el Consejo Económico y Social de las NNUU).

¿Qué tiene esto de positivo? Pues principalmente (pero no es ni mucho menos poco en el terreno internacional) que, por alguna vez, esto es coherente y responde a la conceptualización que se pretende gobernar: la tríada inseparable social, ambiental y económica a la que nos hemos referido en el apartado anterior de este texto.

¿Qué tiene eso de negativo? Principalmente que, como es sabido, el ECOSOC es el talón de Aquiles de las NNUU: una historia larga y a veces rocambolesca que no deja de explicar que, precisamente y sobre todo en los aspectos económicos, las NNUU no hayan acabado pintando nunca casi nada en el mundo y que, muy principalmente, las Instituciones de Bretton Woods (FMI y BM) hayan sido, por excelencia y desgracia de la humanidad, las instituciones económicas mundiales reales pero gobernadas sólo por los países más ricos y poderosos.

En este contexto, las comisiones que dependen del ECOSOC, por buen trabajo que puedan hacer, siempre acaban impregnadas de la maldición original y evolucionada que pesa sobre el ECOSOC!

Y todo esto es una carencia realmente principal del marco gubernamental global actual; cuando se habla de que el principal problema de las NNUU es que no es capaz de implementar lo que ella misma aprueba, si en un nivel esto es así es en el del ECOSOC y en sus ámbitos temáticos y, por tanto, y desde Río 92, también en el ámbito del desarrollo sostenible.

¿Cuál sería pues, pero que no es factible, la reforma principal que debería aprobar Río +20? ¡La reforma del ECOSOC!

De hecho la estructura del esqueleto principal de las NNUU ya sería esencialmente correcta; la Asamblea General como máximo órgano y los Consejos (el de paz y seguridad, el económico y social, desde hace poco el de derechos humanos, etc.) como órganos principales de análisis y proposición “normativa” e incluso ejecutiva, en los temas correspondientes.

Del mismo modo que muchos estaríamos de acuerdo en que un Consejo de Paz y Seguridad, convenientemente y radicalmente reformado en su composición y funcionamiento democrático, debe ser una pieza clave de un sistema de Gobernanza Democrática Mundial, imaginar un ECOSOC funcionando democráticamente con unos niveles de autoridad equiparables a los del Consejo de Seguridad, sería, probablemente, la mejor solución a los temas de gobernanza para un desarrollo humano sostenible.

Pero eso requiere modificar la Carta de las NNUU, y como todo el mundo con dos dedos de frente reconoce, además de que probablemente no es posible hacerlo actualmente, tampoco sería nada prudente intentarlo: saldría una Carta de las NNUU mucho peor que la actual.

La reforma necesaria, pero imposible de momento, del ECOSOC debería incluir, en un imaginario ideal, el cambio de nombre y pasar a denominarse: Consejo social, ambiental y económico mundial, es decir, de hecho y de acuerdo con el apartado de aspectos conceptuales de este texto, Consejo para un Desarrollo Humano Sostenible!

¿Cuál debería ser pues el marco que deberíamos intentar aprobar en Río +20, en la dirección de una gobernanza democrática mundial para un desarrollo humano sostenible?

Teniendo en cuenta que, como es bien evidente, me estoy moviendo clara y conscientemente en una perspectiva reformista y posibilista, creo que las coordenadas que deberían definir nuestros objetivos son las siguientes:

a. Indirectamente, lo que se apruebe debería fortalecer (insisto con lo de indirectamente de acuerdo con el apartado anterior) el ECOSOC y su visibilidad y potencialidad como Consejo de Gobernanza Democrática para un Desarrollo Humano Sostenible.
Todo lo que no sea eso y vaya en la dirección de crear otro órgano dentro de la estructura de las NNUU fuera del ECOSOC, y aunque lleve incluso una etiqueta -una de las que hay sobre la mesa- como la de Consejo de Desarrollo Sostenible no sería, desde mi punto de vista, un buen resultado a medio y largo plazo, aunque probablemente muchos lo podríamos saludar positivamente a corto plazo.

Si realmente estamos convencidos de que los tres pilares del desarrollo sostenible (social, ambiental y económico) son indesligables y se han de realimentar mutuamente (una especie de misterio como el de la santísima trinidad, si se me permite la broma), entonces, si el nuevo órgano queda fuera de la estructura del ECOSOC acabará siendo sólo, ¡sólo!, un órgano de gobernanza de los temas medio ambientales; que aunque también muy necesario (y también sobre la mesa negociadora de Río +20 en relación a como se tenga que reformar la UNEP-PNUMA, Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente) es otra dimensión de la cuestión sobre la que hoy y aquí no voy a entrar.

b. Se ha de conseguir, como mínimo -y dentro y/o ligado claramente al ECOSOC de acuerdo con la coordenada anterior-, lo que dentro de la jerga de las NNUU se conoce como un órgano subsidiario permanente de alto nivel, creado con las mejores y más capacidades posibles en el contexto del artículo 22 de la Carta de las NNUU.
Una operación que debería tener unas características lo más parecidas posibles a las que ha seguido el proceso de creación y desarrollo del nuevo Consejo de Derechos Humanos de las NNUU, con la particularidad de que, de acuerdo siempre con los aspectos conceptuales y la coordenada objetivo anterior, debe quedar ligado a la ECOSOC de tal forma que, incluso, sea una forma clara e indirecta del imprescindible empoderamiento del mismo.

c. ¿Qué otras particularidades y características deberían conformar este nuevo órgano?

Es evidente, siempre a mi modo de ver, que este nuevo órgano sustituiría la actual Comisión de Desarrollo Sostenible que, aunque habiendo jugado un papel muy interesante e importante en la 1 ª década después de Rio92 (sobre todo en cuanto a las propuestas de indicadores en el marco de los programas 21), actualmente ha perdido todo su vigor y se ha ido reduciendo a un ámbito de debate de temas ambientales bastante especializados que, claramente, repite y duplica en malo lo que hace, y bastante mejor, la UNEP-PNUMA.
Debería ser el órgano más multistakholder y más multinivel de las NNUU, vanguardia de nuevas dinámicas de gobernanza democrática mundial.

Todo el mundo lo dice: la sostenibilidad pretendida requiere de la participación activa de todos los actores (multistakeholder) y, en este caso, los marcos de Río, donde se imaginaron e institucionalizaron los Grupos Principales o Major Groups, es el que mejores condiciones políticas ofrece para la creación de un verdadero órgano multistakeholder. En este sentido, de acuerdo con el artículo 77 de la Carta de las NNUU, esto donde se hace más sencillo de hacer es en el ECOSOC!

Y por las mismas razones y con las mismas o similares condiciones políticas, el carácter multinivel (mundial, regional, subregional, estatal, subestatal y local) que la implementación de la gobernanza democrática mundial para un desarrollo humano sostenible requiere ineludiblemente, debería ser una de las características más innovadoras y avanzadas de este paso imprescindible para el propio bien de las NNUU y, sobre todo, para la resolución de las problemáticas mundiales fruto de las tendencias insostenibles dominantes -de vida, producción, consumo, etc.-, y que se reclama a gritos invertir radicalmente en Río +20.

*Profesor de la Universidad Politécnica de Catalunya . Presidente de la “asociación proyecto Gobernanza Democrática Mundial – apGDM”